Esto es lo que pasa cuando insistes en preguntar a un abstemio por qué no bebe alcohol

VERÓNICA PALOMO

25 ENE 2019 – 10:57 CET

La periodista y escritora británica Catherine Gray tenía la costumbre de beberse una botella de vino cada noche y varios cócteles durante el día, en las glamurosas fiestas a las que asistía por trabajo. La mayor felicidad le llegó al convertirse en freelance porque podía hacer las entrevistas desde su casa, por teléfono y con una cerveza en la mano. Un buen día, al ver que la bebida le controlaba a ella, y no al revés (todo un problema para la salud), decidió dejar el alcohol y contar su experiencia en el libro The Unexpected Joy of Being Sober,(“La inesperada alegría de estar sobria”, en inglés). El texto narra su vida como abstemia y airea los detalles de su época de bebedora. Entre otras cosas, cuenta cómo era conocida por incitar a los demás a beber, y que era la pesada de turno que, con dos copas de más, insistía a sus amigos en que se unieran a la ronda de chupitos.

“Si alguien no bebía, no le quería allí conmigo. Consideraba, como todos lo que beben mucho, que los que no bebían no eran divertidos, y yo necesitaba un cómplice para seguir con mi comportamiento”, relata Gray. Lo curioso es que los mismos amigos que tenían que meterla forzosamente en un taxi, noche sí y noche también, quienes consideraban un peligro salir con ella, cuestionaron su decisión de no beber una gota nada más conocerla. “¿Por qué? No estás tan mal”, le dijeron. A partir de entonces, ellos se convirtieron en los pesados de turno. Ella había decidido que ya había bebido suficiente, e iba en serio, pero ahora, cinco años después de la determinación de olvidar la bebida, aún siguen preguntándole si quiere una copa.

Como si Gray fuera una disidente con la intención de aguar la fiesta a quienes sí beben. Pero no lo es. A menos que uno se presente en la fiesta con panfletos informativos sobre lo malo que es el alcohol y animando a que todos se pasen a la 0,0, no tiene por qué tener el menor interés en promover la sobriedad por el mundo solo porque no bebe. La decisión es personal, y no hay por qué sentirse intimidado por ella; nadie quiere acabar con la diversión y no hay que insistir en preguntar por qué no bebe alcohol, algo muy nuestro.

https://elpais.com/elpais/2019/01/24/buenavida/1548342266_833431.html?id_externo_rsoc=FB_CM&fbclid=IwAR1QdNvcQapWfKFlr6t8xNS7qvmOrmDljQ2Av0cd6DSqgi4hst2YPnjgRvo

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