Mujer y alcoholismo, una enfermedad silenciosa

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27/05/2018 –
VALÈNCIA. Cuando pensamos en una persona alcohólica nos viene a la mente la imagen de un hombre sentado en la barra de un bar. Sin embargo esa imagen no es del todo real. Cada vez son más las mujeres que tienen dependencia del alcohol y según un estudio de perfil de la Unión de Asociaciones y Entidades de Atención al Drogodependiente (UNAD) en 2016, por primera vez, las mujeres superaron a los hombres en el consumo de esta sustancia, un 31% frente al 27% de los varones.
Una realidad, mujer y alcoholismo, a la que hay que prestarle mucha atención porque hasta hace bien poco era una enfermedad silenciosa, parecía algo inexistente. La dependencia del alcohol ha sido considerada un problema masculino. Hace unas décadas la proporción entre hombres y mujeres alcohólicas era de 10 a 1. Hoy la proporción ha cambiado absolutamente y la proporción es casi de 3 a 1. Y esta situación, además de esconder más patologías mentales añadidas como la depresión o la ansiedad, conlleva grandes daños en el organismo. “Las mujeres y hombres son biológicamente diferentes, por ejemplo en la estructura cerebral, en el metabolismo digestivo o en la proporción de la materia grasa y eso influye en como afecta el alcohol. La OMS considera que un consumo perjudicial en una mujer siempre será menor que en un hombre, pero el problema es que la cantidad que se consume se está equiparando, con lo que los daños serán mayores”, apunta Augusto Zafra, psiquiatra director de IVANE SALUD y responsable de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en el Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar y de la Clínica de Desintoxicación y Patología Dual en el Hospital Vithas Nisa Aguas Vivas.

A ello hay que sumarle que al ser una enfermedad silenciosa pasa mucho más tiempo hasta que es detectada y el periodo de carga de la enfermedad es más amplio y más grave. Generalmente, la mujer bebe sola, en la intimidad de su casa, a escondidas, influida por unos roles culturales que todavía perduran que hacen que no esté bien visto que una mujer beba. La culpa se añade a la depresión y el alcohol funciona como un método de escape. Es un círculo vicioso.
¿Cómo se entra en ese círculo vicioso? “Suele existir un factor precipitante, es el denominado ´estado no deseado´. Son cambios que suceden en la vida de una mujer ante los que se ve acorralada y sin escapatoria. Un matrimonio desavenido, una maternidad no deseada o no conseguida, un empleo no satisfactorio, un rol socio-familiar no elegido, la dificultad de conciliar familia y trabajo… Es como un proceso de duelo, de pronto la mujer ve que ha perdido cosas y está en una situación que no desea y no todo el mundo está preparado para asumir esa situación y encontrar alternativas. Y ahí aparece el consumo de sustancias como mecanismo de evasión mental”.

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